Berrocal

Berrocal, situado en el Andévalo onubense, entre el Condado y la Cuenca Minera, es un pequeño pueblo blanco de calles laberínticas marcado por su entorno natural y su larga historia. Habitadas desde hace cuatro milenios, sus tierras conservan vestigios del Calcolítico y la Edad del Bronce, como la Tumba del Moro, así como restos romanos vinculados a vías que conectaban Tejada la Vieja con Riotinto. Su trazado urbano mantiene el estilo andaluz tradicional y cuenta con monumentos como la Iglesia de San Bautista, del siglo XVII con elementos renacentistas y neoclásicos, y el Ayuntamiento del siglo XIX. La riqueza natural es uno de sus mayores tesoros: el cauce encajado del río Tinto, con parajes como Riscos Altos, Alto de la Picota o El Molino Viejo, ofrece vistas espectaculares de las aguas rojizas. El entorno se completa con dehesas, monte mediterráneo, fauna diversa y paisajes ligados a antiguas infraestructuras mineras y ferroviarias, viejas y derruidas estaciones, molinos y puentes. Berrocal es, en esencia, tranquilidad, naturaleza y tradición.

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El Campillo

El Campillo, ubicado en pleno corazón de la Cuenca Minera, destaca por su doble identidad: el pueblo viejo agrícola y el pueblo nuevo minero creado por la Rio Tinto Company. Su territorio ha sido habitado desde hace más de 5.000 años, como prueban los dólmenes megalíticos —especialmente el de La Cantina— y restos del Bronce, tartesios, fenicios, griegos y romanos. Del periodo islámico quedan vestigios en Cabezos Colorados y la necrópolis de La Maraña. Convertido primero en aldea de Zalamea, se independizó en 1931. Su arquitectura refleja dos mundos: el conjunto rural original y los barrios mineros de diseño inglés, con calles en retícula y viviendas adosadas. Entre sus puntos de interés destacan el Parque de los Cipreses, con áreas de descanso y la locomotora conmemorativa, y el yacimiento del Cerro de la Cebada. La naturaleza muestra un paisaje fuertemente modelado por la minería: cortas, escombreras y lagos artificiales contrastan con la dehesa del sur. Su pequeña aldea, Traslasierra, conserva la esencia rural de otros tiempos.

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Campofrío

Campofrío se sitúa entre la sierra y la mina, dos realidades que han marcado su identidad y paisaje. Es un pueblo blanco de fuerte personalidad, cercano al Odiel y a los territorios mineros de Riotinto. Sus orígenes se remontan a épocas remotas, siendo especialmente intensa la presencia romana, de la que quedan vías, necrópolis como la del Risco del Tesoro, y restos arqueológicos en lugares como El Gerro, El Majuelo o Valdelahiguera. Tras su vinculación medieval a Aracena, obtuvo el villazgo en 1753, y en el siglo XIX quedó definitivamente ligado al renacer minero de la comarca. Su patrimonio incluye la Iglesia de San Miguel Arcángel, de estilo tardo-barroco con una singular sacristía gótica; la fuente y lavaderos de Las Cañadas; y su joya: la plaza de toros más antigua de España, levantada en 1716. El entorno natural ofrece espacios como el embalse de Campofrío, el pantano del Odiel y los paisajes serranos de sus aldeas, especialmente Ventas de Arriba, único núcleo aún habitado.

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La Granada de Riotinto

La Granada de Riotinto es un municipio de transición entre la sierra y la Cuenca Minera, lo que le confiere un paisaje variado y un carácter mezclado entre el mundo rural y la influencia minera. Desde sus orígenes, fue una comunidad agrícola dedicada a pequeñas explotaciones familiares y a la ganadería. A mediados del siglo XVIII aparecen las primeras referencias documentales, ligadas a propiedades comunales como Valdehigueras. En el XIX, con la llegada de los ingleses, la economía local se vinculó estrechamente a la mina, aportando leña y mano de obra. El nombre del pueblo procede de una imagen de la Virgen de la Granada colocada en tiempos de Alfonso X. Su patrimonio incluye la Iglesia de Nuestra Señora de la Granada, del siglo XVII, armoniosa en colores y volúmenes, y las ruinas de la antigua ermita mudéjar en “La Granada Vieja”. El conjunto urbano, de fachadas blancas y muros de piedra, transmite serenidad. Entre sus parajes destaca la Sierra de la Joya, ideal para senderismo, donde se mezclan huertas tradicionales y ecos del abrupto paisaje minero.

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Minas de Riotinto

Minas de Riotinto, en el corazón de la Faja Pirítica, es uno de los enclaves mineros más importantes del mundo. Su pequeño término municipal ha concentrado históricamente grandes explotaciones de cobre, plata, oro y hierro. La presencia humana en la zona se remonta al IV milenio a. C., con un notable auge tartésico y un periodo romano de intensa actividad, del que quedan la necrópolis de La Dehesa o el asentamiento del Llano del Tesoro. Tras fases siglos de decadencia estancamiento, el renacer minero llega en el siglo XVIII y explota definitivamente con la compra de las minas por la Rio Tinto Company Limited en 1873. El patrimonio monumental es único: el barrio victoriano de Bellavista, con su club inglés, capilla presbiteriana, cementerio protestante y casas británicas; el Edificio de Dirección y las Escuelas de 1932; y el Museo Minero (antiguo hospital de la compañía), referente histórico y divulgativo. En su paisaje antropizado destacan la colosal Corta Atalaya, el Cerro Colorado y el paraje de Zarandas, donde la acción de la naturaleza y la huella minera crean un escenario casi lunar.

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Nerva

Nerva es el mayor núcleo urbano de la Cuenca Minera y uno de los lugares donde mejor se percibe la identidad minera de la comarca. Rodeado de escombreras y cortas, y ubicado en un entorno de belleza áspera y singular, es además el lugar donde nace el río Tinto. Su territorio ha estado poblado desde hace más de 5.000 años, con restos prehistóricos como el Dolmen de la Lancha. La minería se desarrolla desde época tartésica y fenicia, alcanzando plena explotación en la etapa romana. Tras un largo periodo medieval, la aldea de Riotinto —germen de Nerva— va cobrando importancia a partir del siglo XVIII y, con la llegada de los ingleses en 1873, surge un sentimiento autónomo que culmina en su independencia en 1885. Nerva ha sido cuna del movimiento obrero y foco cultural. Entre su patrimonio destacan el Ayuntamiento de 1897, la plaza de toros de 1888, la plaza de abastos y la Fuente de la Reú. Culturalmente sobresale el Museo Vázquez Díaz. Su naturaleza está marcada por paisajes mineros irrepetibles, como la Peña de Hierro.

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Zalamea la Real

Zalamea la Real, puerta sur de la Cuenca Minera, es un municipio cargado de historia y tradición. Habitadas desde el Calcolítico, sus tierras albergan algunos de los dólmenes más importantes de Andalucía, especialmente el gran conjunto megalítico de El Pozuelo. En la Antigüedad fue enclave romano y, tras la etapa musulmana, pasó a ser tierra de realengo bajo la Corona de Castilla. Durante siglos abarcó gran parte de la Cuenca Minera, hasta que en los siglos XIX y XX fueron independizándose municipios como Riotinto, Nerva y El Campillo. Su patrimonio monumental es muy amplio: el conjunto iglesia-torre, Bien de Interés Cultural, es una obra sobresaliente de los siglos XV-XVII; numerosas ermitas completan el mapa religioso; y la plaza de toros del XIX mantiene gran tradición taurina. Su riqueza arqueológica incluye también los grabados rupestres de Los Aulagares y restos del Bronce en Mina Chiflón. La naturaleza cercana ofrece espacios de alto valor ambiental como la Umbría del Romeral y el Alto de los Barreros. Zalamea destaca por su armonía urbana y por su profunda identidad histórica.

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